Saturday, February 20, 2016

JUSTIFY

Vivimos día a día influenciados por el número de likes de nuestra cuenta de facebook, los corazones de instagram, o los pajaritos de twiter.
Vivimos casi controlando los comentarios de nuestros post, de nuestros shares, de si somos taggeados en alguna foto, publicación u otro medio.
Vivimos apasionadamente el deporte y compartimos mayormente nuestros éxitos, nuestros logros, buscando la aceptación de la comunidad, el elogio o la empatía...
Y también compartimos nuestros fracasos quizá porque al hacerlo conseguimos esa palmada en la espalda, ese empujón, esas palabras de aliento que nos hagan sentir menos miserables, menos dolidos o fracasados en la obtención de aquellas nuestras metas inalcanzables o irreales.
Cuando formamos parte de ese mundo, de ese constante compartir todo lo que vivimos, pienso y siento que es normal que nos veamos forzados a dar constantemente explicaciones sobre casi todo.
Se de lo que hablo porque lo he experimentado en primera persona.
Un amigo me dijo que algunas personas (más de las que imaginamos), lo hacen por buscar ese reconocimiento mediático, ese estatus en el cibermundo deportivo o social.
Puede ser que sea cierto, el tiempo dirá que intereses o motivos han empujado a cada uno a ese constante sharing de su actividad deportiva.
Y como de deporte hablamos, no voy a profundizar en el hecho de quienes comparten casi la totalidad de su vida, de su estado emocional o de sus pensamientos en cada instante del día. Eso, creo, necesitaría ser revisado por un psicólogo.
Creamos una idea de algo que puede no ser todo lo preciso o exacto que parece, alimentado una enorme bola de nieve que antes o después nos aplastará, bien porque no es cierta, o porque pesa demasiado en la espalda de nuestra conciencia.
Y casi sin darnos cuenta de ello, sin ser conscientes del ridículo que hacemos, de lo patéticamente penosos que parecemos, ofrecemos constantes ruedas de prensa en el wassap o en nuestro muro de facebook, o este nuestro blog...
Anunciamos retiradas del mundo deportivo o de las pruebas a las que estamos inscritos porque necesitamos hacerlo tras la gran presión que nos auto imponemos.
Se sobradamente, que los problemas psicológicos, aquellos que pueden hacernos pasarlo muy mal, incluso arruinarnos la salud, esos problemas, nacen del  embrión de una idea obsesiva que poco a poco crece y se multiplica.
Los amigos, cuando son eso, amigos, no necesitan de esta parafernalia para seguir siendo eso, amigos. Aceptan nuestras decisiones a pesar de no compartirlas, nos apoyan en lo malo y festejan nuestros logros.
Aquellos que no son amigos y tan solo son conocidos o compañeros del camino de la pasión deportiva, no tienen por qué recibir una nota de prensa de nuestra vida, una explicación del por qué , el cuándo y el cómo.
Tomar decisiones es en si, entre muchas otras cosas, la esencia misma de la vida, donde no siempre  es fácil hacerlo, donde constantemente equivocamos la dirección correcta del camino elegido y donde los éxitos nos ayudan a seguir siendo valientes para decidir.
Qué misterio tendría la vida si siempre supiéramos el desenlace de la película, lo que esconde tras de si cada curva, cada alto del camino, la vista tras la montaña...
Pero cuando nuestra propia inseguridad, nuestros miedos y temores decantan la balanza de lo negativo en esto de la práctica deportiva, está claro que algo se está haciendo mal.
Solemos arremeter contra el deporte en sí, contra sus valores y principios, contra esa disciplina, la pasión, el esfuerzo, la frustración ,el dolor, el sudor en los ojos, el sabor a sangre tras unas series, el frío en la noche, el viento que nos pega al asfalto o las olas en el mar...
Culpamos a esa "bendita obsesión" por algo de lo que es totalmente inocente, algo que solo hemos creado nosotros y que en algún momento se nos vuelve en contra.
Disfrutar del deporte no está reñido con la búsqueda de la excelencia, con superar nuestro potencial, de vencer a otros rivales o competidores y si que está en huir de la constante mediatización que hacemos de la práctica deportiva.
Lo vemos a diario, gente que (sin querer ser despectivo...) no es nadie a nivel deportivo, constantemente nos anuncia su último entrenamiento, sus compras, su menú, su marca de papel higiénico.
Es normal que después de esto, esa avalancha termine aplastándolo irremediablemente.
Al final lo que trasciende es ese sufrimiento inútil que sumamos a los muchos otros que la vida nos impone por otras causas, cayendo en el error de culpar al deporte de algo sobre lo que nosotros tenemos responsabilidad.
Yo, que también he pasado por esto, intento no volver a pasar por lo mismo, retrocediendo quizá a tiempos pasados donde la falta de tecnología, nos hacía disfrutar de la espera de una carta escrita a mano en papel, donde el contacto físico era intenso y donde una foto solo tenía una oportunidad para ser buena.
Sinceramente creo que se debe evolucionar en este sentido y dejar esa constante justificación, porque no es malo estar nervioso, no es malo estar alegre, no es malo sentir miedo, sentir dolor, inseguridad, pena, rabia, frustración, impotencia...
Y tú? De qué te justificas pues ?