Saturday, May 30, 2026

QUÉ ME ESTÁ PASANDO?


¿Qué es lo que me sucede?

Llevo mucho tiempo intentando responder a una pregunta que parece sencilla, pero que cada día se vuelve más compleja: ¿qué es lo que me sucede?

A veces me sorprendo a mí mismo buscando una explicación clara, una respuesta concreta que justifique por qué sigo sintiéndome tan mal. Estoy trabajando con profesionales de la psicología y la psiquiatría. Acudo a terapia, sigo las pautas médicas y trato de hacer todo aquello que se supone que debería ayudarme a recuperar cierta estabilidad emocional. Sin embargo, hay momentos en los que el sufrimiento sigue ahí, tan presente como siempre, recordándome que algunas heridas no desaparecen simplemente porque uno haya decidido enfrentarse a ellas.

Quizá una de las cosas más difíciles de explicar a quienes me rodean es que el tratamiento no siempre implica alivio inmediato. Comprender intelectualmente lo que ocurre no significa dejar de sentirlo. Identificar emociones, hablar de ellas o ponerles nombre puede ayudar, pero no elimina automáticamente el dolor. Hay experiencias que dejan una huella profunda en la forma en la que una persona se percibe a sí misma, percibe a los demás y entiende el mundo.

Mi regreso de Irak marcó un antes y un después. Con el tiempo he comprendido que no regresé siendo exactamente la misma persona que se marchó. Algunas vivencias alteran silenciosamente aspectos fundamentales de nuestra identidad. No siempre lo hacen de manera visible. A veces el cambio ocurre en la forma de relacionarse, en la manera de confiar, en la capacidad para sentirse seguro o incluso en la posibilidad de disfrutar de aquello que antes resultaba natural.

Desde entonces tengo la sensación de estar intentando reconstruir algo que no sé describir del todo. Como si hubiera partes de mí que todavía estuvieran tratando de encontrar un lugar donde encajar. Y ese proceso resulta agotador.

También pienso mucho en Carmen. No desde el reproche ni desde la intención de señalar responsabilidades. Pienso en nosotros desde la tristeza que produce observar cómo dos personas que han compartido tanto pueden acabar sintiéndose tan lejos. A veces me pregunto si ambos estamos intentando comprender algo que nos supera. Si estamos intentando adaptarnos a una realidad que ninguno de los dos imaginó.

Una de las emociones más difíciles de gestionar es la sensación de soledad. No porque esté completamente solo. De hecho, cuento con profesionales que me acompañan y con personas que se preocupan por mí. Pero existe una diferencia importante entre estar rodeado de gente y sentirse comprendido. Hay días en los que tengo la impresión de estar pidiendo ayuda de todas las formas que conozco y, aun así, continúo sintiéndome aislado dentro de mi propia experiencia.

No espero que nadie resuelva mis problemas ni que cargue con mis dificultades. Sé que ese trabajo me corresponde a mí. Pero reconozco que echo de menos la sensación de caminar acompañado. Echo de menos sentir que alguien comprende el esfuerzo invisible que supone levantarse cada día cuando la mente y las emociones parecen avanzar en dirección contraria.

Tal vez eso sea parte de lo que me sucede. Tal vez el sufrimiento no tenga que ver únicamente con lo que viví o con las consecuencias psicológicas que todavía intento elaborar. Quizá también tenga relación con la necesidad profundamente humana de sentir conexión, comprensión y cercanía en los momentos de mayor vulnerabilidad.

No tengo respuestas definitivas. De hecho, cada vez estoy más convencido de que algunas preguntas importantes tardan años en responderse. Lo único que sé es que sigo buscando. Sigo intentando entender quién soy después de todo lo vivido. Sigo intentando encontrar sentido a muchas cosas que todavía duelen. Y, a pesar del cansancio, de la incertidumbre y de las dificultades, aún conservo una pequeña esperanza: la de que algún día todo este sufrimiento encuentre un lugar donde descansar y una forma de transformarse en algo que pueda comprender.

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